El TTIP y las fronteras interiores

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Lo poco que conocemos de las negociaciones del Tratado Transatlántico de Libre Comercio (TTIP por sus siglas en inglés) ha hecho saltar las alarmas entre los más diversos movimientos sociales y políticos de la izquierda. ¿Por qué?

En primer lugar, por cómo sabemos lo poco que sabemos. Un proyecto tan importante liderado en Europa por la Comisión Europea debería ser presentado con toda la pompa por el presidente de dicha institución, el popular Barroso.

Pero no. Sabemos lo que sabemos porque ha habido una filtración anónima a través de Filtra.la (plataforma en la que colaboran Diagonal, La Marea, Mongolia y eldiario.es). Es evidente, pues, que a alguien no le interesa que sepamos qué es el TTIP ni imaginemos sus implicaciones hasta que sea un hecho consumado (ver las informaciones al respecto de La Directa, eldiario.es y Diagonal, también las primeras respuestas ciudadanas en España).

A nuestro entender, que Estados Unidos y la Unión Europea estén interesados no ya en abrir mercados en África o Sudamérica sino en intentar explotar al máximo sus mercados interiores (sanidad, educación, recursos básicos como el agua, el gas o los alimentos) implica la definitiva consumación de que las fronteras han pasado a ser interiores.

No es que esto sea algo nuevo. Ya en ‘La sociedad del espectáculo’ Guy Debord hablaba de las tardocapitalistas como unas sociedades que modelan “todo su entorno”, creando un “espacio unificado” que concentra “interiormente la distancia” a través de políticas urbanísticas que buscarían “salvaguardar el poder de clase” (Debord, 1976: 117-118).

Otro científico social francés, Paul Virilio, incidía en esta misma cuestión en ‘Ciudad pánico’. Según apunta, tras el atentado contra las Torres Gemelas de 2001 “las fronteras del Estado pasan al interior de las ciudades”. Estas ciudades globalizadas de principios del siglo XXI tendrían en su interior sus propios “bandidos, milicianos y terroristas, de los cuales no podrá librarnos ninguna guerra clásica” (Virilio, 2006: 26-29”).

Virilio advierte de que una “guerra contra los civiles” está en marcha (Virilio, 2006: 42). Una guerra con nuevas características: sin declaraciones belicosas, sin invasiones plantando bandera… Un nuevo conflicto cotidiano, interior, que utiliza la psicosis como método de gobierno habitual y que viene a modificar los viejos conceptos de guerra y paz. El TTIP sería el último episodio conocido, una agudización del conflicto.

Colonialismo interior

Así, si entre finales del siglo XIX y principios del XX las grandes potencias se lanzaron en busca de nuevos mercados, el colonialismo de finales del siglo XXI y principios del XXI sería interior. Esto es un buen indicador del agotamiento de los recursos, y una prueba de que el capitalismo, en su fase actual, ya no tiene nada que ofrecer a los trabajadores. Ni siquiera las migajas. Ni siquiera un mínimo Estado del Bienestar.

Para seguir ganando necesitan recuperar lo que en su momento se consideró el mínimo imprescindible para mantener la cohesión y alejar el estallido. Esto, a nivel político, certifica la muerte de la socialdemocracia. A nivel económico, que la lucha de clases se agudiza. A nivel cultural, que necesitamos seguir investigando las claves para dar respuestas idóneas.

Imagen: Wikimedia Commons (by Pete Souza)

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